martes, 6 de diciembre de 2011

Por qué La Ruta de las Catedrales

Meditando desde el sofá de casa, entre intermedio e intermedio de la película de turno, miré por la ventana y observé como brillaba el sol de primavera en Barcelona. Desde mi trono de comodidad y desidia contemplaba como poco a poco el cielo fué surcado por una pequeña nubecilla blanca e infantil, de norte a sur de la cristalera del balcón de casa. Entonces fue cuando me di cuenta. Esa nubecilla era mi vida, que ajena al reluciente sol que llenaba de vida la tierra, se dejaba empujar, inútil y complaciente, por donde el viento apeteciera.

Se acabó! Hora de desempolvar la Vieja Transalp y retomar el rumbo de mi vida hacia mis propios objetivos.


De un salto me enfundé mi traje motero rojo, bajé al aparcamiento, arranqué la moto y aceleré. La Vieja Transalp ya no es lo que era, su sonido ya no es redondo, burbujea, petardea y otros deas más. Su experiencia, su fiabilidad y su adaptación a mí ya no eran suficientes para poder acompañarme en mi nueva vida. Aunque si lo fué para llevarme al concesionario de motos donde se ganará su jubilación. Allí me presentó a la GS1200. Fué un flechazo. Su brillo negro, su potente motor, el susurro de su silenciador y su estética viajera me atraparon.

En pocos días estábamos la Vieja Transalp, la GS1200 y yo reunidos en el aparcamiento de casa. Mi nueva familia. Vale, y ahora qué?

Había que racionalizar el deseo de kilómetros, rutas, viajes y salidas. Y para ello teníamos que marcar objetivos. Primero radio de acción. Barcelona centro de operaciones (claro vivo aquí, qué remedio). Autonomía: como mucho cuatro días y medio entre ida y vuelta (por ahora el trabajo tiene que financiar los viajes así que es inevitable), pero lo normal serán dos días y medio, nuestro bien querido fin de semana. Esto supone que el radio de acción máximo son 5.000 km ida y vuelta, aunque lo normal será no superar los 3.000 km. Por tanto: Península Ibérica, Europa occidental y central, y algo del Magreb. Perfecto, y siempre nos quedan las vacaciones de verano donde tienen que caer 15.000 km.

Ahora tocaba pensar en cual es el punto en común que tienen todos estos espacios accesibles. Pues... todos están más o menos habitados, por tanto son las personas lo que es común a todos. Y qué es común a todas las personas: el sexo y la religión. El tema del sexo realmente era muy atractivo, sobre todo pensando en mi reciente separación y falta de pareja estable, pero después pensé que la publicación de los contenidos de los viajes podría verse mermada, así que me incliné por la religión.


Bien, ya tenemos tema. Busquemos donde se concentra el sentimiento religioso. Es curioso que el carácter religioso en general se expresa mejor en compañía que en solitario, por eso todas las religiones celebran ritos en grupo y provocan concentraciones de fieles en recintos más o menos cerrados.

Los grandes edificios públicos que han sobrevivido a la historia del hombre son los edificios religiosos, que no sólo debían albergar a sus fieles, sino también impresionarlos, y proyectarles hacia los dioses en los que depositan su fe. Las catedrales cristianas y otros edificios monumentales religiosos son el punto en común de todas las culturas de mi radio de acción y ese iba a ser mi objetivo. Así nació La Ruta de las Catedrales.

La GS1200, puber todavía, sin haber hecho el rodaje no veia el momento de comenzar las grandes rutas. Primero hicimos una prueba piloto en Barcelona, y después una prueba de fuego por la cornisa cantábrica. Exito absoluto, publicaba los videos y fotografías en Facebook y se llenaban de "me gusta" y comentarios de loa y ánimo. Especialmente valoro los de las personas que no me conocen, porque ellos no tienen más interes que puramente el de expresar sus sentimientos sin temor a herir una amistad.

Después vino la ruta europea de los minipaises donde GS1200 se comió 4.000 km en 4 días con inundaciones en el norte de Italia incluidas. Esa ruta fue nuestra licenciatura. Pero después vino la Ruta del Vino y todavía nos espara la Meseta y Portugal, la España Sur, y el gran reto Marruecos.

La nubecilla sigue pasando por el balcón, pero ahora la tv está apagada y el sofá está cogiendo polvo, y yo me voy a dar una vuelta con la moto.

Ciao.

viernes, 2 de diciembre de 2011

La cuesta de Santo Domingo


Me apetece comenzar mi experiencia bloggera contando la historia de mi foto actual del perfil.

La instantánea la tomé el pasado 12 de noviembre de 2011, alrededor de las 19:00 en la Cuesta de Santo Domingo de Pamplona. Mi intención original era sacarme una fotografía en un lugar lleno de buenas vibraciones. Un rincón donde mucha gente antes de jugarse la vida en el encierro, invoca a los espíritus y se arenga en el valor y la fuerza.


Después de dar una vuelta de reconocimiento de la zona con la moto, la situé a la entrda del aparcamiento que hay por debajo del nicho que alberga la mágica figura de San Fermín, donde la multitud canta enferborecida por los favores del santo. Era el lugar perfecto: la distancia al nicho permitía el encuadre de la moto entera y la inclinación del terreno daría un ángulo de visión diferente dejando en el fondo el muro de contención de mampostería y el habitáculo de la figura.

Así que paré el motor de la moto, situé la cámara, programé el disparador y me lancé hacia mi posición. Estaba a punto de conseguir uno de los objetivos que me había marcado y estaba feliz. Sonó el click del disparador de la cámara y relajé mi posición. Ya con calma me dirigí a la cámara y al comprobar el resultado de la fotografía observé que había captado también la imagen de una niña que miraba toda la escena. Levanté la mirada de la cámara y allí estaban sus dos grandes ojos incisivos y curiosos observando la película de lops hechos.

La foto era perfecta, no hacia falta hacer otra toma y todavía tenia pendientes otros objetivos para esa noche, asi que recogí la cámara y me dispuse a subir a la moto. De nuevo, los ojos de la niña rasgaban mi actividad y me hacían frenar. Esta vez, su mirada estaba acompañada de movimiento. Con pasos pequeños pero decididos se acercaba a mi. Su mirada era cada vez más penetrante, me sentía incapaz de ver otra cosa más allá de esos ojos. Sin apartar la mirada subí a la moto pero no la arranqué, tenía a la niña a menos de dos metros.

Me es imposible saber cuanto tiempo pasamos mirándonos inmóviles pero tengo la sensación de que no fue poco. Pero al final el hechizo se rompió, "Señor!" dijo con voz infantil pero firme. Y mientras la realidad aparecía de nuevo a mi alrededor continuó "¿Puedo pasar?". "Claro" le dije "Pasa sin miedo". De nuevo sus pasitos, pero esta vez su mirada estaba dirigida al suelo ya que la posición de la moto dificultaba su paso.

Mi retrovisor me mostraba como la niña se alejaba poco a poco, aunque de vez en cuando volvía a dirigr su mirada hacia mi durante algunos segundos. No me moví hasta que la niña desapareció de la nitidez del retro, y aún después seguí unos minutos más encima de la moto parada, reflexionando sobre la experiencia que acababa de pasar. Todavía no tengo claro lo ocurrido, y posiblemente nunca lo sabre a ciencia cierta. Aunque quiero culpar de la experiencia a las 10 horas que llevaba de ruta y al cansancio que había acumulado, hay preguntas no resueltas:

¿Qué hacía una niña que no superaba los 6 años sola a esas horas de la noche?
¿Por qué pasó eso en un lugar con gran carga emocional?
Y lo más extraño ¿Por qué tengo la sensación de que me ha pasado algo importante?

Tengo la impresión de que esa niña es una persona especial, alguien que en el futuro hará cosas relevantes. Pero por ahora sólo me queda el recuerdo de sus ojos penetrantes que espero algún día volveré a ver.



Un abrazo desde Iruña.